domingo, 21 de junio de 2009

INESPERADO

La “vida imprebis”, había dejado de ser imprevisible, espontánea y sorprendente, pero esa noche era especial, era noche de risas, amigos y cumpleaños feliz.

Sin muchas ganas de frivolizar, escuchaba atentamente las interesantes aportaciones de Ami sobre la vida liberal, mientras me fijaba en la chica oriental que te acompañaba, no sabía identificar su procedencia pero envidiaba su belleza exótica. Absorta en la charla ni me percate de tu cercanía, pero insistías en aproximarte, notaba que me explorabas minuciosamente mientras me preguntabas cosas absurdas, intente declinar tus insinuaciones con indiferencia pero me miraste profundamente y me dijiste “ven” de forma directa y clara, justo en ese momento despertaste mi interés.

Nos alejamos de allí para dejarnos llevar por lo que en esas situaciones es lo más esperable, todo transcurría según el guión de siempre, pero entre besos y caricias me sometiste a un pequeño interrogatorio inocente pero divertido, con cada respuesta que emitía, tus conclusiones analíticas desnudaban con crudeza mi alma dejándome más desnuda de lo que estaba, sorprendida, te correspondí de igual forma, porque tampoco se me da mal evaluar, analizar y sacar conclusiones, con algo más de tacto, eso si.

Aún dormía placidamente, cuando un mensaje me despertó, “soy D. ya tienes mi teléfono, me apetece verte, hoy tal vez?” te respondí: “tal vez otro día”, decidí dejarlo pasar y recordarlo como un delicioso momento.

El martes al salir de clase, vi tus llamadas perdidas, no puede evitar sorprenderme y te llame, me contestaste. "Hola S. ¿tal vez podría ser hoy?" Empecé a reírme y te dije: "con seguridad mañana". "¿Cenamos?", preguntaste Y respondí: "sorpréndeme".

El día transcurría como otro cualquiera, pero a medida que se aproximaba la hora me sentía algo nerviosilla. Llegué antes de la hora, casi ni me lo creía, pero allí estabas. Mientras me aproximaba, sentía un enorme deseo de besarte y eso hice. Me acerque a ti, te rodee con mis brazos y te di un apasionado beso, sentí tus manos por mi espalda mientras descendían hasta mis nalgas, cogiste mi mano fuerte y me dijiste: “vamos a mi restaurante favorito, ¿tienes hambre?”

Me sentía un poco intimidada durante parte de la cena, tú insistente forma de explorarme, evaluarme, analizarme, por momentos me generó incomodidad. Sentía que debía comportarme de forma convencional, justificar como locura puntual el que me conocieras en un local liberal y así pudieras fórjate una teoría tranquilizadora que te permitiera disfrutar de seducirme. Pensé en cenar y despedirme de manera educada. Tengo claro que no pienso renunciar a lo que soy por complacer a nadie. Pero me cogiste suavemente los pies debajo de la mesa, empezaste acariciarme lentamente los dedos, las plantas, los tobillos, las piernas, mientras mirabas con deseo mis ojos indiferentes. Empezaste a recordarme los detalles de la noche en que nos conocimos y porque estábamos allí. Me dijiste que no fuera tan dura contigo que te diera tiempo, que sabías que eras un hombre poco evolucionado, nada preparado para las mujeres de ahora.

Tu manera de mirarme, de hablarme, con esa primitiva y casi desvergonzada actitud, me excitaba. Te sugerí irnos de allí, nada más salir del restaurante, te abalanzaste sobre mi y pude sentir como tu miembro crecía mientras lo rozabas suavemente entre mis piernas, no se que me sucede contigo, pero me seduces.

Al salir del ascensor se había subido ligeramente mi falda, notaba como mi humedad vencía mi ropa interior. Entramos en tu piso, techos altos, aire minimalista, algo desordenado. Observaba cada detalle, me detenía en los cuadros, libros, música, me preguntaste si quería vino, conteste que si.

Aprovechando tu ausencia, explore tu habitación, me resulto acogedora, cama grande y firme, sonreí pensando en las cosas que deseaba hacerte, me sorprendiste curioseando, mientras sonriendo me entregabas una copa de vino acompañada de una directa pregunta: "¿la probamos?", mmmmmmmm, te mire tímidamente, estaba convencida, pero no quería precipitar la situación, necesita algo más de tiempo para saber que deseaba.

Me solté de tus brazos sensualmente y me fui al baño, al llegar mis ojos se clavaron en aquel espejo, grandísimo, me podía ver casi entera si me alejaba un poco hacia la bañera. Mi deseo se descontrolo, ya tenía claro lo que quería.

Me quite la ropa, deje la puerta abierta y decidí esperar a que vinieras cuando me echaras de menos, eso hiciste. Esta allí, esperándote, desnuda con los zapatos de tacón.


Tu mirada se nublo y te aproximaste con una decisión primitiva. Sentí tu fuerza, caricias, besos, muerdos por mi cuerpo, mientras te ayudaba a desnudarte.

Me di la vuelta, aparte la multitud de cosas que me encontraba, no recuerdo si cause algún desastre, sólo se que me decías: "no importa", agarrate mi pelo con fuerza y me penetrate desde atrás.


Me gustaba disfrutaba con nuestras miradas a través del espejo, sentir tu deseo, ver como me tocabas, penetrabas. Observar tu cuerpo y el mio, desnudos y ardientes. Mi deseo se desbordaba, deshaciéndome en suspiros, mis rápidos latidos elevaban mi temperatura, contraía tu pene al sentir tu calor, besos, caricias, gemidos al penetrarme con rudeza saciando tu deseo y me deje llevar por tantas emociones que precipitaron un mar desde mi interior bañando nuestros sexos.

Poco más recuerdo de aquel momento, pero la señales en forma de tonalidades verdosas quedaron grabadas en mi cuerpo, al mirarlas recuerdo ese instante, estoy segura que lo repetiría.

5 susurros inspiradores:

Lydia dijo...

Hay señales que se quedan guardadas eternamente, mucho más que las verdosas esas del cuerpo... las de querer repetir, cuando el corazón te empuja... y otras cosas que no sé exactamente de donde salen, pero que te impulsan a repetir, repetir y repetir...

Besazo gigante. Muaksss

lapana dijo...

Muy erotico leerlo, vivirlo debe haber sido fabuloso, besos sherezade

Mareve dijo...

Nena, eres experta en encontrar agujas en pajares... Felicidades!!!

Un beso enorme, mi complice, mi amiga.

Lunna dijo...

Sensual relato, hacerlo delante del espejo tiene muchos momentos se desborden de placer.

Besos.

Lunna.

Vero dijo...

Preciosa, voy a pegarme una ducha. HELADA :)

Besines, no te vi regresar, ando... liada :/